miércoles, 1 de julio de 2015

Welcome back




Por Laura de la Rosa.

Y un día me separé.
Para los que se preguntan qué pasó, no sé si pueda llegar a responderles, lo que sí sé es que un día me levanté y la casa estaba grande, más grande y más vacía.
Claro que nunca nos vieron peleando, es que los dos teníamos muy buen sentido del humor. Tanto que hasta era gracioso vernos lastimarnos. Las indirectas que nos mandábamos eran como dagas en el medio de las costillas.
Si les decía que la casa parecía más grande no tienen idea de cómo se extienden las horas. El tiempo me sobra demasiado.
Me había desacostumbrado a ser una mujer soltera. Pero pensándolo bien, pasé la mayor parte de mi vida sin ningún compromiso.
Vos parecés un hombre, me decían, cuando las relaciones me duraban poco y nunca quería formalizar. Pero cuando llegaron los 40 sentí esa cosa loca que llaman familia y decidir dar el sí.
Un sí simbólico, un sí sin papeles ni gente mirando y brindando con copas sobrevaluadas.
Le dije sí al amor y al compromiso entre dos.
Pero no todo fue color de rosa, dos años duró y se terminó.
Los sorprendí, ¿no? Me veían muy enamorada.

Y hoy no sé qué hacer. Veo la hora y son las 8 de la noche, a los cinco minutos veo el reloj y son las 2 de la mañana. Y no comí.
Y no sé si comer, o irme a dormir. O abrir una lata y descorchar un vino.
En la heladera me queda un poco de ensalada de atún, me parece que voy a cenar eso y acostarme.
Pero me voy a tomar un vino.

Y ahora es cuando la relación con la separación se pone dura. Voy al cajón de los cubiertos y no encuentro el sacacorchos.
Reviso por todos lados, saco cosa por cosa y el destapador no está.
¿Se llevó el sacacorchos?
¿Podés ser tan mierda de persona de llevarte un sacacorchos? Acaso lo compraste vos.
Voy a buscar el teléfono para mandarlo a la puta que lo parió pero me acuerdo que borré todos sus números. Y no me los aprendí de memoria. 
Tendría que llamar a la madre, despertarla y decirle que la rata de su hijo se llevó el destapador.
Pero qué bronca tengo, hijo de puta, ¿qué más te llevaste?
La play, el LCD y el auto, vos.
Yo me quedo con las cosas de la casa.
Y las cosas son todo, incluido el maldito sacacorchos.

En el departamento de al lado hay ruidos, pero si le golpeo a las 2 de la mañana para pedirle que me abran una botella me gano el apodo de la borracha del piso.
¿A quién se le ocurre a esta altura de las circunstancias seguir metiéndole corchos a los vinos?
Lo voy a destapar con un cuchillo, como que me llamo Laura esta noche yo me tomo un vino.
Acá tengo un martillo para las milanesas, le pego a un cuchillo con  el martillo y listo.
El martillo no se lo llevó, si seguramente debe comprar comida en la rotisería.

Me acuerdo que cuando éramos más chicos, mis amigos empujaban un poco el corcho con el dedo y después con un destornillador.

Nada me funciona, voy a probar con el mango de una cuchara de madera.
La coloco sobre el corcho y AAAARRRGGG, hago toda la fuerza posible para abajo y el corcho entra con todo en el vino. ¡Vamos!
¡Nooooooooo, mi camisa! Está hecha un desastre, la tengo que poner en agua así sale, porque me parece que el vino tinto mancha.

Espero que no se haya llevado la palangana. Pero qué se la va a llevar, si en su vida se lavó un calzoncillo.
Listo, la dejé en Camellito.

No voy a cenar, mejor me tomo el vinito y a la cama.

Pero mañana sin falta me compro un sacacorchos.
Será de Dios, me acuerdo y me amargo. La soltería tiene esas cosas.

Mañana voy a estar mejor. 
Bienvenida a la soltería, Laura, welcome back.


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