Por Claudia Medina Castro.
Homenaje a Chuck
Palahniuk.
“Descubre qué es aquello que más miedo te da y vete
a vivir allí.”
Monstruos invisibles
¿Un plan? ¿Tendrá un plan? La mera sugerencia ya resultaba
irrisoria en un personaje como Juan. Imposible creerle ni la hora. Menos,
cuando ponía ese acento afrancesado y neutro. Fue él el que se llevó consigo a
sus seres más preciados para que vibren y sufran los bamboleos de su
egocéntrica existencia. El mismo. ¿Da? No. No.
Volviendo a unos cuantos días antes, todo parecía
relativamente bajo control. Unas casi vacaciones impulsadas más que planeadas
por ciertos eventos latosos, como ser algunas denuncias de una mente
aparentemente más desquiciada que la suya, ciertos cambios laborales, ciertas
ganas de escapar, nada nuevo. Y yo ahí, acompañándolo.
Siento las vibraciones que emanan de esas paredes
barrocas, su reino, nuestro reino y me sacan de tema. Porque lo que de verdad,
de verdad, de verdad quiero es que Juan esté muerto. Porque mis padres quieren
que esté muerto. Porque la vida sería mucho más fácil si Juan estuviera muerto.
Volvamos al principio del fin. Esto fue en la Gran Fiesta de
Carnaval, esa que solo él podía armar y a la que todos, todos querían ir. Por
supuesto, en su mansión heredada, como todo, de su poderosa y casi desaparecida
familia. ¿Mi familia?
Todo lo mejor y en abundancia. Bocados, tragos, drogas,
juegos y más.
Pasemos al momento Juan-sorpresa-Juan de la fiesta.
—¿Cómo es posible que no paremos de mutar y al mismo
tiempo sigamos siendo el mismo virus mortal?
Lo dijo con la escopeta colgando de su brazo zurdo y
obviamente sin esperar respuesta alguna bajó la escalinata pisando fuerte y
lento (era su desfile glorioso, privado y personal).








