miércoles, 21 de mayo de 2014

Reflejo de reflejo de reflejo de reflejo de...




Por Sebastián Elesgaray.

1
Leticia se despertó. Se miró en el espejo de la habitación, se acomodó un poco el pelo y se sacó una lagaña del ojo derecho. Salió apresurada al baño. En el camino, hizo un par de muecas en el espejo del pasillo. Frente al lavatorio, se tiró agua en la cara, se cepilló los dientes y se maquilló lo suficiente como para tardar más de veinte minutos. Todo esto sin dejar de mirar su reflejo. Antes de salir al trabajo, se retocó el peinado mirándose en el espejo del living.

2
Leticia se despertó. Se miró en el espejo de la habitación y chequeó que sus dientes no estuvieran muy amarillentos. El tabaco la tenía un poco prisionera. Antes de salir se miró un rato en el nuevo espejo al costado de la puerta de la habitación. Después en el del pasillo. Después en el del baño. Después de vuelta en el del pasillo. Después en los dos de la habitación y finalmente en el del living.
Llegó tarde al trabajo.

3
Leticia compró tres espejos más que distribuyó entre la cocina, la puerta de entrada y al lado de la computadora.
Esa mañana no fue a trabajar.

4
Se maquillaba, se arreglaba, cambiaba de lugar algunos espejos y los volvía a mover sin saber dónde ponerlos. Ya tenía casi cien; aunque si le preguntaban, diría que no eran suficientes. Tenía que verse, sentirse y controlarse. Tenía que estar perfecta, pero no se saciaba nunca. Porque la perfección es saber que siempre falta un poco para ser perfecto.
¿Y quién decía eso?
Pues alguien perfecto.

5
Hermosa. Se veía todo el día. De noche dejaba todas las luces encendidas para que el reflejo de su cuerpo la ayudara a dormir.
Ya no iba a trabajar. No lo necesitaba. Suficiente con tenerse a ella misma.

6
Ya no sabía si era ella o el reflejo.
Ya no entendía si estaba en su departamento o en el reflejo de su departamento.
Ya no estaba al tanto de si miraba o la miraban.
¿Ella era un cuerpo o una imagen en el espejo?
No importaba.
Porque era perfecta.


3 comentarios:

  1. Me gusta mucho lo conciso y puntual de este cuento. La historia es sencilla y puede contarse de forma ágil y breve, como bien supo hacer el autor, probablemente porque la mentalidad del personaje es así de simple también. Pero lo que me encantó fue el concepto matemático que se desliza (¿con el escritor consciente de ello?) a lo largo del relato.

    El título ya es sugestivo. Leerlo me recordó esos ascensores con espejos enfrentados donde uno se ve reflejado al infinito. El cuento invita a pensar en esto, en la reproducción al infinito y en un concepto que en matemática se denomina "convergencia". Leticia necesita más espejos porque cada uno la acerca un poco más a lo que quiere llegar, pero nunca son suficientes. Tal vez la parte que mejor lo expresa sea "Tenía que estar perfecta, pero no se saciaba nunca. Porque la perfección es saber que siempre falta un poco para ser perfecto."

    Es genial y me remite a lo maravilloso de la suma de series: Si uno suma 1 + 1/2 + 1/4 + 1/8 + ... al infinito, el resultado da 2. Si uno la corta en cualquier lado, da un poco menos ("siempre va a faltar un poco"), pero adicionar una infinidad de estos términos sí lleva a un resultado redondo y definido.

    Leticia suma espejos para converger a la perfección. Mi alma matemática se hizo el día con esta historia.

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  2. Genial, Sebastián.
    La obsesión por la perfección de la imagen, y sus nefastas consecuencias, maravillosamente retratadas.
    Asusta un poco hasta dónde puede llegar una mente fuera de sí, obsesa con la belleza a toda costa, ufff...
    Tus letras, magistrales. Como siempre.
    ¡Saludos!

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  3. uuu!!! me encantó sebastián!!! perfecto relato.

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